
Después de veinte años en esto de los libros, puedo
asegurar que son muy contadas las ocasiones en las que se han dado las felices
circunstancias para que uno disfrute del trabajo como he disfrutado yo con Moby-Duck. Tampoco es que se hayan
alineado los planetas ni que haya pasado nada extremadamente raro o milagroso,
no. Pero que una colega —¡Gracias, Isabel!— te recomiende a una editorial sin
apenas conocerte, habiendo coincidido casi de pasada en una red virtual
de traductores de todo el mundo donde lo más fácil es que uno confunda las caras,
los nombres y las intervenciones de los colegas de profesión, que esa editorial
te proponga traducir un libro sin que hayas trabajado jamás para ellos pese a
que se trata de una de las grandes editoriales de este país y parte del
extranjero, que leas el libro y te parezca cojonudo, que repases la crítica
nacional y foránea y coincidas en que es una obra amena e interesante que
combina con pasmosa naturalidad la novela de aventuras navales con el periodismo
de investigación, la divulgación científica con la denuncia ecologista, las
crónicas de exploración y supervivencia en el Ártico con un ensayo lleno de
ternura acerca de la infancia y una aguda reflexión sobre la sociedad de
consumo con la narrativa de viajes, que te pases dos meses inmerso en la
traducción sin dejar de disfrutarla, pese a que entrañe bastante dificultad —no
porque esté mal escrito, como ocurre tantas veces cuando uno traduce un texto,
sino más bien por la diversidad de temas que toca y el esfuerzo de
documentación que ello exige—, que contactes con el autor para consultarle
cuatro cosillas y que, además de escribir de maravilla, sea un tío más majo que
las pesetas, que ocurra todo eso y que, encima, te paguen... bueno, cómo
decirlo: para un servidor es francamente un lujo más que escaso.
Cuando me propusieron la traducción me dediqué a indagar un poco y encontré este artículo de Muñoz Molina en Babelia. Después de leerlo —el libro, no el artículo— entendí por qué le había gustado tanto. Yo también me crié con Melville, Stevenson, Conrad, Salgari y Verne. Y pienso seguir criándome con ellos.
Así que aquí os dejo con el tráiler del libro —sale
a la venta el 8 de febrero, según tengo entendido—, un vídeo grabado por
Donovan Hohn, el autor, en el transcurso de sus periplos por los océanos, los bosques
y las fábricas del planeta en busca de su patito amarillo. No desvelaré si
acaba encontrando al patito de goma náufrago o no, pero sí me consta que debió
de encontrar en el interior de su mente a alguna ballena blanca que le dictó el
orden de las palabras para escribir este libro. Donovan le pone la voz al vídeo —de hecho, lee un fragmento de la introducción del libro— y este esforzado traductor de a pie los subtítulos. Espero que os guste tanto
como me gustó a mí traducirlo.
(Aconsejo verlo en YouTube, que aquí sale muy chiquitajo)
Y aquí está la ficha del libro, en la web de Libros Aguilar.
Y aquí, una entrevista que me hicieron en RNE cuando salió el libro a la venta.
Solo puedo decir una cosa: ¡Mola!
ResponderEliminarBuscaré el libro pa leer tu traducción. ;-)
Me ha encantado la entrada y el video. Enhorabuena
ResponderEliminarGenial, Darío. :)))))
ResponderEliminar¡Enhorabuena!
¡Nivelazo! Me chifla, tanto la entrada como el vídeo. Enhorabuena :-)
ResponderEliminarNo te conozco pero tengo que decirte que me parece FATAL lo que has hecho.
ResponderEliminar...
¿Cómo se supone que voy a dormir yo hasta el día 8? Después de leer que el libro es tan bueno no puedo esperar ^^ jajaja.
Un abrazo, amigo, y me alegro de que todo se te haya dado tan bien. :)
¿Se pueden pedir copias firmadas por el traductor? Lo cambio por sobrasada ;)
ResponderEliminar¡Enhorabuena!
PD: Veo que no sigues mi blog. Ninguno de los dos... Vale, vale. Esta me la apunto... Muhahahaha. ;)
ResponderEliminarJulia, OIliver, Marta, Ana: me llena de orgullo y satisfacción que os guste. Estoy como un rey, tú. :-)
ResponderEliminarMerche, amiga, soy así de malo, me vas a tener que perdonar. ;-)
Y Curri de mis amores: te sigo los dos, el del testeo y el de la sobrasada, pero el blogger este no los enseña, no sé por qué demonios... Ah, y yo por una sobrasada te firmo hasta el testamento. :-)
Darío!!!!!!!!! :-)))
ResponderEliminarFelicidades, Darío... y me apunto a la firma de libros por parte del traductor: ¿montamos un chiringuito en la feria del libro?
ResponderEliminarNo suelo leer no ficción, pero si me leo este libro, que, francamente, tiene buena pinta, será con tu traducción, y eso que tampoco suelo leer traducciones del inglés.
ResponderEliminarA todo esto: ¿firmas (y dedicas) tus traducciones de libros?
Roger: Llegeix-lo si pots, que t'agradarà. :-)))
ResponderEliminarIsabel: No sé yo si esto de que los traductores firmemos en el chiringuito de la feria del libro va a triunfar mucho... Pero si llegamos a eso, me apunto. Todo sea por darnos visibilidad, que parecemos transparentes.
Jordi: Si no lees no ficción, este libro te puede llegar a gustar, porque es casi una novela. Y si lees en inglés, aun a costa de tirar piedras sobre mi propio tejado, léelo en inglés, que está muy bien escrito. Y lo de firmar, normalmente no: lo dejo para familiares y amigos muy allegados y sólo si el libro se lo regalo yo, vamos. :-)